¿Qué tecnologías van a impulsar la agricultura en la próxima década?

La agricultura ha sufrido en los últimos años una verdadera revolución. Y nosotros nos preguntamos… ¿cómo hemos llegado hasta aquí?, ¿qué nuevas tecnologías se han asentado en el sector agrario para quedarse?, ¿cómo será el profesional del sector agrícola dentro de 10 años? Vamos a intentar esbozar las respuestas en este artículo.

La agricultura está cambiando, eso está más que claro. Solo tenemos que darnos un paseo por las extensas explotaciones de nuestra región para darnos cuenta. La idílica imagen del agricultor con su sombrero de paja y el azadón al hombro… ha cambiado, y hoy día, ¡¡es historia!!. En la actualidad, el agricultor es un profesional que trabaja, toma decisiones y se asesora desde el móvil, conduce un tractor autoguiado con un sinfín de pantallas táctiles y utiliza múltiples herramientas para la toma de decisiones en el ‘día a día’ de la gestión de su explotación.

Los profesionales del sector agropecuario se han visto en la obligación de adaptarse a los nuevos tiempos si querían sobrevivir en el actual contexto en el que impera incrementar la producción de alimentos ante una población creciente. Los retos a los que se enfrenta en la actualidad, no son pocos, y menos aún, sencillos de abordar.
 

 

Los principales retos de la agricultura del S.XXI

 

Los agricultores tienen el reto de alimentar a una población cada vez mayor, no podemos olvidar que, según estimaciones de la FAO, está previsto que en 2050 haya 9.500 millones de personas en el mundo. Y la alimentación de esta creciente población, se deberá hacer de forma sostenible y teniendo como máxima, la seguridad alimentaria.

No podemos olvidar que el consumidor final está cada vez más conectado, y cuenta con mayores inquietudes acerca de la procedencia de lo que consume cada día, unido adicionalmente a una cada vez mayor conciencia medioambiental. Por tanto, nos encontramos en un punto en el que debemos producir más, pero tratando de proteger y salvaguardar el mundo en el que vivimos… siendo necesario en mayor medida tener en cuenta factores cómo una mejor y más sostenible gestión de las tierras cultivables, reducción del uso de insumos, uso de nuevas fuentes de energía alternativas,… y muchos otros.

La agricultura del S.XXI deberá producir MÁS con MENOS. 

Por otro lado, el agricultor y su cosecha, compiten en la actualidad con las fluctuaciones y variaciones acaecidas en mercados internacionales. Esto quiere decir que, ‘día a día’, debe esforzarse por obtener la mayor rentabilidad de su explotación agrícola y/o ganadera; rentabilidad que pasa por una mejor gestión de todos sus activos agrícolas.

En relación con las peticiones del consumidor, y adicionalmente a todo lo anteriormente comentado, se busca ‘asegurar’ la autenticidad de los alimentos. El consumidor quiere saber de dónde proceden los diferentes productos y cómo se han producido. Se ha llegado a un punto, en qué al consumidor, no le sirve con comprar un tipo de tomate, quiere una variedad específica, única y exclusiva, y no quiere engaños.

El profesional del sector agrícola tiene ante sí un nuevo reto: alimentar la curiosidad del consumidor. 

No siendo poco lo anterior, es necesario tener en cuenta que nos encontramos en un contexto de cambio climático, y esto traerá a buen seguro cambios que se harán notar especialmente en la zona mediterránea, y que exigirán adaptar, no solo las prácticas agrícolas habituales, sino también las variedades y especies utilizadas junto a las técnicas de manejo e insumos utilizados.

La agricultura de la vertiente mediterránea deberá ser capaz de adaptarse a las nuevas condiciones climáticas de forma más rápida y efectiva  que otras zonas agrícolas

 

¿Cuál es la solución a los retos de la agricultura del S.XXI?: las nuevas tecnologías

 

Las nuevas tecnologías aplicadas al sector agrario serán la llave que permitirá afrontar los retos planteados anteriormente. Estas tecnologías son numerosas, y están comenzando a dar sus primeros pasos en las explotaciones agrícolas, por eso, desde Crops Capital queremos daros algo más de información al respecto.
 

– Sensores

 
En los últimos años, se han desarrollado multitud de sensores para recabar información de nuestros cultivos y animales. Así, hoy en día, es posible conocer la cantidad exacta de agua que demanda un cultivo gracias a sensores como los dendrómetros. O bien, conocer si una vaca se encuentra de parto gracias al uso de ‘collares digitales’ que portan en el cuello y que ofrecen al ganadero información relativa a su estado y nivel de actividad con la que poder tomar decisiones y monitorizar lo que sucede en la explotación.

También es posible prever cuando puede atacar una determinada plaga y/o que un determinado cultivo esté en riesgo de ser afectado/atacado por una enfermedad gracias a los datos recogidos por los sensores colocados en campo y las aplicaciones que ofrecen dicha información a través de apps o herramientas accesibles a través de internet.

La clave de esta tecnología, es el gran desarrollo que ha sufrido en los últimos años, aumentando la precisión de los datos recogidos a la vez que ha disminuido el precio de los dispositivos.
 

– Big Data

 
Los datos ofrecidos por los sensores, en muchos casos, no tienen utilidad si no son correctamente procesados y analizados. En un principio, en las explotaciones agrícolas se recogían pocos datos y de carácter muy básicos: humedad, temperatura, etc. Datos que no exigían un análisis muy profundo para prever lo que iba a pasar en los siguientes días a nivel del cultivo, por ejemplo.

Sin embargo, al desarrollarse la sensórica, y aumentar la capacidad de obtener datos, se ha visto imposible el procesamiento de tal cantidad de datos e información. Nos encontramos en una etapa en que el agricultor no solo produce alimentos, también cosecha datos.

De ahí, la necesidad de desarrollar tecnologías de análisis masivo de datos, lo que se conoce como big data. Esta tecnología permite analizar en tiempo real todos los datos recogidos en la explotación agrícola, y devolver al agricultor recomendaciones y previsiones, mejorando la toma de decisiones ‘a pie de campo’.  Se trata de una tecnología transversal que permitirá analizar datos a lo largo de toda la cadena alimentaria haciéndola más sostenible.
 

Blockchain

 
El problema de los datos, es que pueden ser manipulables, o bien pueden ser utilizados indiscriminadamente por personas no autorizadas. Por eso, se ha hecho necesario desarrollar una tecnología que permita la encriptación de esos datos, asegurando que ninguna persona pueda interferir. Y así nace otra tecnología clave como es el blockchain, bloques de información distribuida, inalterables por ningún agente de la cadena.

Tras comprobar su eficacia en el sector bancario y/o retailers, empresas productoras agroalimentarias y tecnológicas se han propuesto su aplicación en los productos que son consumidos diariamente por millones de personas. Este artículo publicado en Innovadores de La Razón, habla de un proyecto de blockchain en AOVE desarrollado por varias empresas junto a IBM.

Gracias a esta interesante y poderosa tecnología se consigue una trazabilidad nunca antes vista en los productos agroalimentarios, asegurando la calidad y seguridad de los alimentos, e incluso defendiendo los intereses de los diferentes eslabones de la cadena alimentaria.
 

– Agricultura de precisión

 
La agricultura de precisión, más que una tecnología, es un conjunto de herramientas tecnológicas que convierten los aperos y maquinaria utilizada por los agricultores en una serie de herramientas más inteligentes y eficientes, y qué, usadas junto a las adecuadas decisiones relativas a la explotación agrícola pueden ofrecer un elevado potencial de mejora en lo que a rentabilidad para el agricultor se refiere.

A través de tecnologías desarrolladas en sectores como el automovilístico (ej.: GPS), la red de satélites de observación de la Tierra (Copernicus), y los vehículos aéreos no tripulados (RPAS, UAV, drones…), los agricultores pueden obtener mayor información y una visión global de su explotación, integrando datos y permitiendo realizar, por ejemplo, una siembra de precisión y automática a través de la integración con su maquinaria de siembra, pudiendo adaptar la dosis de semillas según el potencial del terreno y posteriormente adaptar el abonado u otros inputs agrícolas en función de la estimación del potencial de cosecha.
 

– Apps

 
¿Y si todos esos datos recogidos (estado de la maquinaría agrícola o alertas fitosanitarias) estuvieran ‘al alcance de la mano’? Esto es lo que hoy día permiten ya muchas apps o aplicaciones móviles disponibles para uso en el sector agropecuario.

A día de hoy, los agricultores, si quieren tener el último pronóstico meteorológico, la última alerta fitosanitaria de la zona o simplemente como cotizan los productos agrarios, solamente  deben coger su Smartphone, abrir la App correspondiente e informarse.

Y no solo eso, otros servicios y funcionalidades más complejos cómo los cuadernos de explotación son ahora digitales, con posibilidad de integrarse con otras apps o herramientas y datos, como por ejemplo una red de sensores de una determinada finca, o bien cruzar y/o analizar datos para tomar decisiones (big data) y obtener finalmente recomendaciones en tiempo real para aplicar en su finca o explotación.

 

– Energías renovables

 
En el camino de la producción sostenible aparece una problemática que también afecta a otros sectores productivos: la energía, o más bien, su procedencia. El sector agrícola también deberá adaptarse para cumplir con las nuevas normativas energéticas que se plantean desde la UE.

Así, hoy es normal ver como regantes acuden a la energía solar fotovoltaica para alimentar sus bombas; explotaciones de porcino que instalan plantas de biogás para autoabastecerse de energía a la vez que convierten residuos en recursos, aprovechando los purines generados por los animales de la explotación o incluso, aunque todavía muy incipiente, las pruebas que ya están realizando numerosas empresas de  maquinaria agrícola, que están, al igual que ya sucede con los turismos, optando por la electrificación de sus tractores.
 

Edición genética

 
Los nuevos consumidores y sus tendencias de consumo, unido a las nuevas condiciones climáticas y las nuevas plagas y enfermedades obligan a buscar las variedades y especies agrícolas que ofrezcan una mejor adaptación frente a múltiples problemáticas o factores.

Y aquí, la edición genética, puede ser un gran aliado para el sector agroalimentario.

A pesar de que recientemente la UE ha establecido un marco normativo restrictivo en lo que respecta a las nuevas técnicas de edición genética (como el CRISPR), no podemos dejar de mencionar el potencial de esta tecnología para el desarrollo de nuevas variedades con características determinadas, necesitando invertir menos tiempo y dinero.

La agricultura y la tecnología, aliados imprescindibles para afrontar los grandes retos del S.XXI